
Cuando más pequeñas solíamos sacarle el set de maquillaje a nuestras mamás y experimentar en nuestros rostros de niñas con todo lo que pillásemos en el cosmetiquero. Después, más adolescentes comprábamos pinturas de uñas y brillos labiales de mediana calidad en revistas o en lugares random. La marca no importaba, y si preguntábamos por una nos caíamos de espalda al saber cuánto costaban. ¡¿Cómo gastar 4000 pesos en una máscara de pestañas, cómo es posible?! Me preguntaba al momento de leer la etiqueta en el supermercado, mi yo adolescente tenía otras prioridades en ese momento. Un CD de música o ropa de moda. Pero llegando a la extraña etapa de los 20 sabría porqué debía invertir en una máscara de pestañas sobre 4000 pesos, y lo que significaba ello.
Cuando me refiero a la “extraña etapa de los 20”, es porque siento que se experimentan cambios ambiguos, éstos que simulan ser lentos y pasivos pero que son igual de importantes y grandes que los experimentados en la rápida adolescencia. Debemos estudiar en la universidad, potenciar nuestra disciplina, en muchos casos trabajar para auto-solventarnos, y llegar finalmente a la soñada – y temerosa – INDEPENDIZACIÓN.
Entonces, vamos a entrevistas de trabajo y ya no podemos vestirnos en la parte muy, muy teen. Debemos cuidar las ocasiones y toda la formalidad que conlleva eso… es aquí donde entra el maquillaje de calidad. A medida que fui consiguiendo mis primeros trabajos, me compraba de a poco mi colección de maquillaje, lo esencial finalmente. Una base hipoalergénica, un brillo labial sobrio, y un delineador de ojos. Escribiendo una pequeña lista, sabía lo que me compraría con el sueldo siguiente, máscara de pestañas, pintura de uñas, y corrector de ojeras. Así fue concretándose la lista y pude armarme un cosmetiquero como el de mamá. Con pinturas de calidad que no irritaran mi rostro, que perduraran en el tiempo y que me entregaran seguridad en c/u de las ocasiones.
Sin duda que para muchas personas, son tan sólo objetos. Pero para mi es un símbolo de crecimiento y desarrollo personal, es la prueba ferviente de que soy una adulta joven, o al menos – eso intento –. ¡Aprende a valorar esas pequeñas cosas por el esfuerzo invertido en ello! ¿Qué pequeños detalles te hacen dar cuenta que estás superando ciertos procesos?